AUTORA: ANA
Hay viajes que no se miden en kilómetros ni en fotos, sino en abrazos pendientes.
Este fue uno de esos.
En 2023 viajé a Chile para reencontrarme con mi hermana después de un año sin vernos. Yo estaba en Colombia, ella allá, y aunque hablábamos seguido, nada reemplaza la presencia, las risas en la misma mesa, ni esa sensación de “hogar” que solo existe cuando estamos juntas.
Fueron nueve días. Nueve días que se sintieron como un respiro profundo.
El reencuentro
Volver a verla fue extraño y familiar al mismo tiempo.
Como si el tiempo no hubiera pasado, pero también como si hubiéramos cambiado un montón.
Ese primer abrazo lo dijo todo.
No hacía falta hablar de lo difícil, ni de lo vivido. Solo estar.
Maipo, vinos y pausas necesarias
Uno de los momentos más especiales del viaje fue ir al Valle del Maipo.
Hicimos una cata de vinos, caminamos entre viñedos y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que el cuerpo bajaba la velocidad.
No era solo el vino.
Era la conversación sin afán, el paisaje, el silencio cómodo.
Ahí entendí algo simple pero poderoso:
a veces no necesitamos grandes planes, solo tiempo compartido sin prisas.
Santiago: caminar, mirar, sentir
También recorrí Santiago.
Sus calles, sus miradores, sus lugares emblemáticos.
Pero más allá de los sitios turísticos, lo que más me marcó fue caminar sin rumbo fijo, observar, sentarme a mirar la ciudad y pensar en todo lo que había pasado ese último año.
Viajar así —sin correr— te confronta contigo misma.
Familia, sobremesas y lo cotidiano
Lo más valioso del viaje no fue lo “extraordinario”, sino lo cotidiano:
compartir en familia, las comidas largas, las risas espontáneas, los silencios cómodos.
Esas cosas que damos por sentadas… hasta que faltan.
Volver distinta
Cuando regresé a Colombia, algo en mí había cambiado.
No porque el viaje fuera perfecto, sino porque me recordó lo esencial.
Que los vínculos se cuidan.
Que el tiempo no vuelve.
Y que decir “sí” a estos encuentros es una forma de amor propio.
Este viaje no fue solo a Chile.
Fue un regreso a lo importante.
Y aunque nueve días parecen poco, a veces son suficientes para volver a sentirte completa.
